04 junio 2014

Algo que encontré archivado...



Bajo la luna que se encuadra en el marco de la ventana de aquella habitación, se le encuentra todas las noches, al igual que hoy, cepillando su cabello.
Las noches son largas y frías dentro de esas cuatro paredes, que se van encogiendo a medida que el tiempo pasa.
Y sí, ella misma se hunde en un mar de lágrimas.
Los minutos se le hacen eternos, cada hora que transcurre son como pequeñas puñaladas en su pecho.
“Hoy es un día malo, pero me invade el entusiasmo de saber que mañana será peor” es lo que se repetía todas las noches antes de que el sueño la venciera.
Camina a paso lento, con aroma de soledad y vestida de luto. Su especialidad es recordar lo que la atormenta…

Casi pareciera que no existe, pero para su desgracia sigue aún con vida…
La gente la ignora, y ella cree ser la única persona habitando en su doloroso mundo.
No le hables, no te oirá. No trates de escuchar, te ensordecerá con su silencio. No la mires, o será la última vez que la contemples. No trates de entenderla… está luchando por salir a la superficie pero no posee suficiente fuerza. Mientras tanto, el tanque va quedando sin oxígeno…

¿Qué mas decir de esta joven mujer de cabello castaño? Veintinueve años… Veintitrés viviendo en la miseria, cuatro años de descanso, y dos donde vuelve a caer barranca abajo, a sentirse infeliz, frustrada, desgraciada, triste, sola. Los demás años que han de venir, son los que no quiere lleguen.

“¡Qué lindo es mirar fotografías!”- repetía una y otra vez mientras las prendía fuego… - “¡Qué lindo es sentir que los recuerdos viven todo el tiempo en tu interior, haciéndote sentir más infeliz de lo que en verdad eres. Que magnífico el placer de sufrir, de llorar, de gritar…” - Tranco la puerta, se volvió a sentar en el suelo, y gritó con todas sus fuerzas. Lloró… - “¡¿Quién se molesta en ayudarme?! ¡¿Quién se molesta en preocuparse por mi salud?! ¡¿Quién se molesta en hacerme compañía?! Nadie, porque cuando más perdida estaba, el apareció y luego… me lo quitaron sin poder disfrutarlo. ¡¿Por qué cuando me refugio, al final me quitan lo poco que tengo?!
Infeliz… infeliz he sido todo este tiempo, y lo seré después de morir… porque no soy nada.
¡Que hermoso es sentir como mi vida se desintegra, que hermoso es sentir como desaparezco, que hermoso es sentir como quemo!
Más hermoso aún, es sentir que voy por ti… ¡amor mío!”

Y con estas últimas palabras, se rompe el acuerdo de vivir.

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