Sin filtro: Un texto de dos cabezas (con la autorización de una)
Hoy soñé con un océano verde marino -el cielo también- y con él: el hombre de las mil caras.
Siempre sueño con él. No sé quien es, pero lo reconozco ni bien lo veo. Tiene mil aspectos diferentes pero la esencia siempre es la misma. Soy un escultor, lo moldeo a mi antojo.
Me causa mucha pena que no tenga un rostro. Me enferma que no tenga identidad. Es solo él y un marco de ambigüedades. Es él deformándose con el tiempo. ¿Alguna vez lo conocí?... lo dudo.
Me acuerdo de mi océano y su color utópico, me acuerdo del hombre de las mil caras robándomelo todo, me acuerdo de sus manos de fuego. Aún así no conseguí apagarlo.
Me despierto en mi cama obtuso. Me concentro, si no lo hago podría desaparecer. El olor del café me sigue hasta el baño. Levanto la cabeza, y dejo que el agua me queme la cara. Siento los perros ladrando al viento. Si los perros sueñan ¿También lo conocen?Me siento en la mesa, mi hijo mira perdido el televisor, con el puré enfriándose en el plato. Le preguntaría si sueña con entes y con himnos como yo, pero es un insensible.Camino hacia la cochera, atravieso el pasillo.Me arreglo la corbata en el espejo retrovisor… No hay ningún mar la tierra, ni en ningún par de ojos.
La primera noche fue un trueno, la última -que no es la última- una tormenta. Es rutinario, él me despierta cerca de las cuatro de la madrugada para ir al baño y para calmar el corazón. Juega con mi mente. No soy más que un títere para su entretenimiento, como un niño que recibe un regalo en navidad, se emociona y lo desecha en unos minutos para ir a jugar con tierra, así soy yo, para él, la creadora que está a su servicio. Qué irónico debe sonar para ustedes, para mí es una tortura. Luego de que logro despertarme en las horas que hasta la luna duerme, vuelvo a dormirme y ya no recuerdo más nada. Solo su presencia.
Y osa su presencia, un claro en el medio del bosque. Porque así como soy ateo, soy amante. Y que duro cae el averno en mis talones, y lo niego. Por eso voy a ser un buen chico, me voy a afeitar y me engominare el pelo si eso te hace feliz. Y qué triste es ver a las almas en el fuego, el vapor del agua sobre la cama mientras escuchas las trompetas en las montañas.La fracción de segundo en que cerras los ojos y yo me pierdo. A eso es a lo que me apego, en lo que me apago. El mismo martillo en el mismo clavo.Seré un buen chico y robare las herraduras de los caballos. Tomare parte en cuantas revoluciones pueda, y tomare el tazón de leche que me espera en la heladera.
En el día no logro pensar en otra cosa que no sea lo que soñé esa noche, y en la noche ruego por pensar en cosas del día. Cuando me rindo no soy más que un corderito, uno más que salta vallas. Por qué usted sabe que en realidad el cuento de contar las ovejas para ir a dormir es una farsa, y lo que estamos haciendo en realidad es seguir interactuando con personas-ovejas, esas que son sumisas, esas que son tontas, esas que están perdidas y deben permanecer juntas porque solitas se las come el lobo. Como lo dice en la biblia, a fin de cuentas. Bueno, no puedo pretender que usted haya leído la biblia, mucha gente no la ha leído.
No me preguntes por la calle cual es el mensaje, todo búsqueda es incierta, casi tanto como el hallazgo mismo. No me pregunte mi nombre, cuando nací ni de donde vine.¿Cuál es el sentido?... ¡Amen hermano! ¡Amen hermana! Acá esta la falla, porque hoy soy de los que buscan la falla, el tesoro este para aturdir al enemigo.Los sueños son parcelas de campo hechas de lana. Nosotros, una abuela contenta tejiendo día y noche.No me pregunte por la calle quien es esa abuela, esa abuela es una metáfora, tan simple y cerrada. Vecino de los sueños, señor del 34. Ábrame la puerta, ciérreme las dudas en la cara, y escúpame en la predica dormida.
Quizá me esté volviendo algo paranoico hablando todo el tiempo de este hombre irreal. Pero a fin de cuentas es lo que importa en nuestra conversación, ¿o sino a qué vino? El volantecito ya me lo entregó en la plaza el otro día, pero un papel no habla, hasta donde sabe mi cordura, un papel no escucha. Y déjeme decirle de paso, que las letras eran confusas, pareciera como si habláramos lenguas diferentes o si usted no manejara la mía. ¿Sabe? A veces dudo sobre su género. No el suyo, el de él. Estoy segura que es hombre, digo, no lo sé, lo siento. ¿Usted también sueña con él? ¿Podría decirme si es hombre o mujer? ¿Habría alguna forma de compartir sueños? Es decir, yo entrar en los suyos o usted entrar en los míos
Yo sé tanto como usted que hay una sociedad de soñadores, con calles y muros azules. Este lugar sin burocracia en el que todo pasa. ¿Viajar conmigo?... ¡Claro que no! Este avión sin pasajeros vuela solo, no tiene asiento, tiene camas vacías. Y, si mi amigo, entrégueme las espuelas y libere el caballo gordo que lleva bajo el brazo. Déjelo que valla y sople claveles. No lo reprima al animal. ¿Qué clase de tirano es usted? Que desde aquí, en mis ojos perdidos entre las nubes, lo veo enano, patilludo y descalzo. Conmigo nadie sueña, las voces de los niños y los conejos, tan solo ellos orbitan en mi aureola verde marino. ¿Pero usted?... ¡Usted no es digno!
¿Y qué si le digo que en realidad mido tres metros y medio? Que soy un gigante libre de cualquier atadura, porque lo que usted ve son solo conflictos que deambulan en su cabeza, porque no puede comprender que llevo un traje desde hace años. Que vivo en esta caja de zapatos, sí, pero para mi es una maravilla. ¡Y si le invitase a pasar! Me deleito de solo pensarlo. Pero usted es un infierno. Y yo soy un muñeco de nieve. Jamás le permitiría la entrada a mi hogar, porque es indudable que usted querría despreciar hasta la última hoja arrugada de la papelera.
Y se llama Aurora. Es yegua y se llama Aurora, quítese las gafas que están un poco sucias.
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