"Oso de mierda. Lo voy
a matar. Los osos son bestias de verdad.
Francisco miente."
Francisco dice que los osos son creación de los Dioses en forma de
agradecimiento a los hombres. Francisco está un poco loco: empezando porque
tiene las religiones mezcladas y siguiendo porque dice que los osos representan
el espíritu guerrero y de honor. Ya lo creo, los osos son bestias al igual que
los hombres de las antiguas civilizaciones que pensaban con lanzas y espadas y
escudos y arcos. Solo que el hombre supo evolucionar -ahora piensa con las
balas- y los osos se quedaron en el tiempo.
Además que solo a mi madre le gustan los osos. Esos bichos
feos que no saben ni lanzar un sonido agradable. Qué le ven de lindo a un bicho
que pesa como cien kilogramos… No, que digo, cien pesa mi tío Alberto, los osos
deben pesar como cinco tíos Albertos juntos.
Mamá decía que quería un oso polar de mascota, y yo, con
ocho años, y con una frustración tan grande en cuanto a domesticar se trataba
–ya había querido tener gatos y los que tuve se escaparon todos. Pero a mí no
me digan que era porque no les daba de comer. Esos gatos eran unos tupamaros
sin causa-, le dije: - Mamá, para qué querés un oso polar como mascota si
cuando crezca en vez de comer pececitos te va a comer a vos. Pero mamá no
contestó nada, y tampoco dijo nada más de los osos y su afán con ellos desde
ese día. Con el tiempo me di cuenta que mamá tampoco hacía ese pastel de
manzanas que tanto me gustaba, y ese creo, fue mi castigo por arruinar sus
esperanzas y sueños.
Así que sólo hablábamos de osos cuando íbamos los domingos a
almorzar con los abuelos.
El abuelo siempre fue de costumbres extremas, y jubilado, ya
le dedicaba todo el tiempo que quería a la caza.
Tenía en el hall cabezas de venados, y por supuesto, una de
un oso. Ese era su mejor botín de guerra. Como decía él: embelleciendo las
paredes muertas de la casa (La verdad es que a mí me daban náuseas cada vez que
entraba y para remediar la situación tenía que entrar por la puerta de atrás…). Y bueno, en esos mediodías entre estofados y cuentos que hacía el abuelo con los
ojos chispeantes de entusiasmo me fui enamorando de la caza. Aunque creo que lo
que me movía era la idea de matar osos. Claro que nunca lo intenté,
probablemente en el acto me desmayaría y moriría yo en garras del oso antes que
el en la suerte de mi puntería. Pero bueno, algún día se van a extinguir y mi
profesora de tercero va a tener su recompensa dolorosa por haberme dejado a
examen ese año por haber dicho en uno de sus divagues que estaba a favor de la
caza como entretenimiento y que no me
afectaba en lo más mínimo que los osos pandas se extinguieran. Era profesora
de inglés. No tenía nada que ver la
materia con los osos pandas pero se ve que se tomó muy en serio mi opinión, y
tal vez pensó que iba en camino al terrorismo o a volcarme de forma violenta en
contra de Dios y la iglesia. La verdad que no sé, lo único que sé es que los
osos son bestias de verdad y mi vida lamentablemente ha girado en torno a ellos
desde siempre; y para colmo hace unos
días mi novio para nuestro aniversario me regala este oso de peluche de medio
metro con un corazoncito entre los brazos que dice “Te amo” y yo digo: “lo
quiero matar!!!” pero me doy cuenta que no es real y me frustro más todavía.
Evidentemente el mundo en su integridad me está tomando el
pelo…